No es un secreto, todos lo saben: Los vehículos de transporte público en Barranquilla son conducidos manera salvaje e irresponsable ante la vista gorda de los controles de tránsito que han aprendido a tolerar los índices de muertes causadas por la imprudencia de sus conductores.La primera vez que vi el término "bólidos de la muerte" fue en el periódico "El Heraldo" de Barranquilla. Se referían entonces a las diferentes denuncias por parte de la ciudadanía hacia los choferes de las diferentes rutas de buses y estuve de acuerdo en el apelativo. Yo he utilizado el servicio durante varios años y sé como funciona el sistema, sé porque corren y como arreglan con la policía y a los controles de tiempo extendiéndoles billetes cuando ellos creen que nadie se da cuenta.
Es que todo comienza por casa: adquirir una licencia de conducción en Barranquilla no requiere ningún esfuerzo: te diriges al tránsito, en el centro de la ciudad, allí eres abordado por múltiples tramitadores que solo te piden una fotocopia de la cédula y algo de dinero, te preguntan "patrón, ¿quiere la licencia de tercera, cuarta o quinta?, bueno, se la saco en puerto Colombia, mañana se la tengo lista". En efecto, al día siguiente eres poseedor de una licencia de conducción, indistintamente si eres daltónico, si tienes impedimentos físicos, psicológicos, o si tienes tendencias homicidas o que se yo, como sea, ya tienes tu pase de quinta que te permite manejar buses, camiones, volquetas, etc. Solo necesitas una empresa de transporte que te acoja y ya está: ya puedes arrollar gente mientras te arrullas en el fragor de tu colección de vallenatos favorita.
Avanza el bus despacio, muy despacio, cerca a una de las universidades y diferentes negocios y oficinas. Previamente el chofer ha decidido hacer una escala para comer fritos y tomar jugo de naranja, con parsimonia: evitar una indigestión es mejor, las caribañolas saben muy bien en ese sitio. La hora está cerca: ya están por salir de clases los estudiantes y por terminar la jornada laboral los trabajadores. Llega al control tiempo de la ruta (un reloj pegado a un árbol) y alguien con un cartón toma nota de las entradas de pasajeros que lleva hasta ahora. El chofer de manera cada vez menos disimulada le extiende unos mil pesos. "para la gaseosa", piensa. Reanuda su marcha y busca la calle 93, ésta vez la velocidad no excede los 20 KM por hora. Se detiene el bólido dormido frente al semáforo en verde y espera a que se ponga en rojo, luego verde y nuevamente rojo. Extiende el verdugo su voluminoso cuerpo en la silla tejida con tiras plásticas y sube el volumen de la radio: es un buen vallenato, le hace sentir calmado, el estrés está por venir y necesita reposo. El semáforo cambia a verde. Avanza el bólido y se enruta sobre la carrera 46. El cielo muestra sus matices grisáceos, son casi las 6 de la tarde. Se detiene frente a la universidad y el bus se llena a reventar. El verdugo mira por el retrovisor y ve que a unos 200 metros otro bus de la misma línea viene a su alcance: la hora de despertar a la bestia ha llegado. Pone segunda y acelera. La masa humana se descuelga como racimo hacia la parte posterior del bus debido a la inercia. Se escuchan un par de voces femeninas que se quejan apagadamente entre notas de acordeón. El bólido está vivo: alcanza los 90 km por hora y pasa raudo entre los otros vehículos cuan si fuese una bicicleta. ¿quien dijo miedo?. Se detiene a recoger otro grupo de personas y es sobrepasado por el otro verdugo que pasó el límite de velocidad permitido hace mucho rato. No puede soportarlo, le está quitando a sus pasajeros "es un aprovechado, malagradecido, desleal y traidor", piensa.
El verdugo acelera más a fondo y esgrime malas palabras cuando está cerca a su rival. El timbre suena, alguien quiere bajarse del bus. Vocifera una maldición en sus adentros y se detiene en seco un par de cuadras después. Arranca con más violencia. Se detiene a escasos centímetros de la parte posterior del otro bus. Vuelve a arrancar...
La historia se repite y cada día trae su afán. Un muerto aquí o un muerto allá. No es importante: si acaso arrollase a alguien, no importaría, las leyes los amparan bajo "trabajadores de alto riesgo". En serio.

4 comments:
loco esa vaina esta suoer tesa mandala a semana por que el heraldo no lo publica esos manes son culos de rosqueros
Bien recuerdo mis andanzas en los buses en Barranquilla... cuando mi presupuesto no me dio para seguir andando en taxi... Corta e involvidable experiencia esa...
Me acuerdo aquella vez que regresando de la universidad tipo 5 de la tarde un viernes, en mi usual KRA 54 UNINORTE, decidi detenerme una cuadra mas adelante de mi usual parada para ir a Blockbuster a alquilar una pelicula. Timbre y eventualmente, el tipo decidio parar...unos metros despues de la estacion Alto Prado de Mobil.
Al final alquile la pelicula, pero ante la contrariedad de la parada unas 4 cuadras mas adelante, decidi ir a video tarzan...y me ahorre 3000 pesos!!!!
Pues hermano... Si por alla no llueve por aca no escampa... Aca en Bogota la cosa es peor... Yo pense que eso se veia solo en barranquilla, en los buses de gran abastos. Aca la cosa es peor, los buses no tienen que ver con nada y se van metiendo de una. Eso es una cultura nacional.
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