Ramazán en Turquía

Era una tranquila noche de Octubre cuando me encontraba en el apartamento de mi amiga alemana que se encontraba empacando para regresar a su tierra natal en un avión que habría de partir 2 horas después. Ella, al igual que yo, había venido Turquía, gracias a un intercambio estudiantil por medio de la organización internacional AIESEC. Era pues, una triste despedida que ya se estaba volviendo tediosa a raíz de la lentitud con la que mi amiga empacaba y el ir y venir y el empacar y desempacar y el abrir y cerrar... Miré mi reloj, eran las 3 de la mañana, había tiempo pero estaba muy cansado ayúdandole a comprar los presentes que había de llevar de vuelta a casa, de tal manera que me dejé caer pesadamente sobre un sofá y en cuestion de minutos ya estaba sumido en un profundo sueño.
De repente, un estruendo me saca de el sueño que traía enmarañado y me levanta de un brinco del sofá. ¡Estaba alarmado!, era un tambor que retumbaba y volvía a retumbar con más fuerza. “Carajo, una emergencia” pensé y traté de identificar mirando a mi alrededor que pasaba. No ví humo, no vi pánico, no vi temblores... “que pasa?” pensé. Mi amiga, en esos momentos regresa al cuarto y percibe en mi rostro la expresión de pánico. “Que es ese ruido?” le pregunté y se echó a reír. No podía entenderlo, ¿que pasaba? ¿se trataba de una broma? ¿es una emergencia? ¿depronto otra guerra en el largo historial bélico en suelo turco?. Mi amiga me mira con ternura infantil y sonríe otra vez, se acerca y me dice “Ese ruido que escuchas mi querido amigo, es parte del Ramazán, es hora de levantarse y preparar algo de comer” Me pareció que me estaba hablando en mandarín o en japonés “El Rama... qué?” le pregunté perplejo mientras ella esbozaba otra sonrísa pícara.
Dentro de las festividades religiosas que aparecen en el calendario Islámico se encuentra el Ramazán, una festividad que dura un mes y que tiene como objetivo comprender el sufrimiento de los pobres mediante el sacrificio que implica el abstenerse de comer o beber durante todo el tiempo que dura la luz del día: aproximadamente de 5 de la mañana a 6:40 de la tarde. Esto sugiere que tan solo se cuenta con un buen desayuno muy temprano en la mañana para que soporte al cuerpo de manera gloriosa hasta el ocaso; para tal efecto, un sujeto armado con un tambor recorre con gran estruendo el vecindario para indicar a los vecinos que es hora de comenzar a preparar el desayuno... Si, el mismo tambor que me arrojó fuera de los brazos de Morfeo... El ramazán no solo es no comer o no beber algo durante las horas indicadas anteriormente sino también ser comprensivo con las personas que tienen menos o que requieren ayuda en este sagrado mes, bajo la premisa que reza: “No den como caridad aquello que ustedes mismos no tomarían.”. Es como una semana santa que dura un mes, claro que ellos no se van a cartagena a regresar tostados a sus puestos de trabajo con colitas de caballo en sus cabezas, sino que hacen un mes de penitencia y rematan con otra fesitividad que se llama el Bayran.
El inicio del Ramazán está marcado por el horario lunar que rige las festividades musulmanas. Por éstos días, las actividades de los negocios pueden verse afectadas, incluso se incrementan las restricciones en las áreas para fumadores o para ingerir bebidas alcohólicas. A los turistas poco o nada les afecta. En mi caso particular solo veo los comedores vacíos y combos de comidas a precios muy económicos. Todavía no he intentado tomarme alguna cerveza en lugares públicos durante ésta época del año, pero de seguro no sería bien visto.
Durante el Ramazán, El gobierno de igual manera dispone unos comedores sociales en diferentes puntos en la ciudad, en los que la gente puede ir a comer gratis algo de sopa, pan y vegetales. También es un mes de integración entre las familias que se invitan unas a otras a terminar el ayuno con una buena y variada mesa que incluye todo tipo de platillos: sopa, cremas, verduras, carne, pollo, vegetales, aceite de oliva, huevo, pan, aceitunas, queso, pan, guisos, entre otros. Es un deleite y un honor ser invitado a uno de éstos festines en los que los platillos llenan la mesa y uno no sabe por dónde comenzar!. Recuerdo una ocasión en la que mi compañero de trabajo, Ibrahim, me invitó a compartir una cena en compañía de su familia. En la entrada de la casa me debí descalzar porque como en la gran mayoría de hogares turcos las amas de casa compiten en la pulcritud y limpieza de sus casas, a cambio ofrecen unas sandalias para la comodidad y limpieza del huésped. Unas alfombras muy bonitas de tonos rojizos que cubren el salón principal son lo primero que llama mi atención. No por nada las alfombras turcas cuentan con una fama mundial. Los anfitriones me colmaron de atenciones y se aseguraron que estuviera completamente confortable. Los turcos son extremadamente amables y hospitalarios con sus huéspedes, en cualquier referencia que leyeran sobre la vida en Turquía siempre se destaca ésta parte del trato humano.
Como invitado extranjero generalmente me hacen preguntas relacionadas con Colombia, es que a ellos les encanta el fútbol y conocen a Mondragón y a Córdoba, los arqueros de el Galatasaray y Beksitas respectivamente (tener un equipo al cual ser aficionado en Turquía es como una tarjeta de presentación, por ejemplo yo le voy al Galatasaray así no le preste mucha atención a su campaña). También conocen a Shakira, Juanes y a Gabriel García Márquez, de igual manera saben de otros personajes menos pintorescos como Pablo Escobar y otras situaciones más complicadas como la guerrilla y las drogas ¿A quién no le ha pasado lo mismo en el exterior?
Acto seguido me invitaron a pasar a la mesa. Entablamos una conversación muy amena en medio de los guisos y las cremas, los vegetales y las frutas, los panes y los granos. “¿Quieres mas?” me pregunta la mamá de Ibrahim por tercera vez. “Muchas gracias pero ya estoy lleno” le contesto en mi precario turco. Posteriormente los anfitriones ponen algo de colonia en tus manos y me dan algún dulce para luego regresar al salón principal para seguir la conversación.
Al llegar la noche entiendo la verdadera magia del Ramazán mientras camino a mi casa con una amplia sonrisa: creo que es la verdadera la integración de las personas como una sola familia, incluso con las personas a las que no conocen y aquellos que tienen menos.

5 comments:

Álvaro Ramírez said...

Muy entretenido tu relato y lo rematas de manera muy bella.
Excelente blog. Voy a enlazarte. Nos leemos.

Saudade said...

Segura que no es ramadan?

Manuel Anaya said...

Gracias por el comentario Álvaro tu blog es muy bueno también!. Saudade, es lo mismo: en los países islámicos se le llama Ramazan (RAH-mah-zahn) más en otros países se les conoce como Ramadan pero ambos se refieren al noveno mes y a la misma festividad.

Peré Juliá said...

Hola Manuel, me parece una gran idea el que hayas decidido escribir acerca de tu estancia en Eşkisehir, he leido tus artículos sobre Turquía(bonitas fotos en Antalya ;)) y espero impaciente el próximo, un saludo desde Estambul

ANAIFF said...

HOLA me gusta tu relato, actualmente tengo un amigo de istambul turquia que por casualidad se llama bayran, me gusto mucho todo lo que hablas alli de la gente de alla... seria bueno ir y conocer....es un pais que nos enseñaria muchas cosas...