Turquía no tiene muchos festivos. La mayoría de ellos, muy escasos, están relacionados con fechas patrias y generalmente solo personal que labora para el gobierno puede tomarse el día libre. Las añoranzas de los lunes festivos de Colombia son cada vez más latentes: las visitas furtivas al rodadero en Santa Marta o a Boca Grande en Cartagena se han convertido en solo una utopía distante. Normalmente en Turquía se trabaja hasta los sábados en la tarde. El bayram, un festivo que sigue al ramazán, son 4 días libres para todo el mundo y es la ocasión perfecta para viajar y encontrarse con aquellos seres queridos que viven en otros lugares del país.
Por dos semanas había estado planificando, con toda suerte de mapas y libros, una ruta para recorrer el sureste de turquía y hasta el día antes de bayram todavía no había concretado nada. Las personas que venían conmigo habían cambiado de planes, no había tiquetes de bus para ninguna parte, algunos amigos turcos intentaron insistentemente de hacerme cambiar de idea acerca de éste viaje: que no era seguro, que el invierno no me permitiría visitar los lugares a los que quería ir... en fin, todo tipo de razones y argumentos contrastados con la falta de tiempo y la incertidumbre de conseguir transporte o lugares para quedarme fueron el marco de mi maravilloso viaje al sur de Turquía.
El comienzo de mi ruta fue de Eskisehir hasta Adana, en un tren lúgubre tren lleno de personas de todas las edades que llevaban consigo todo tipo de carga y que llenaban el tren hasta su último asiento. El frío del ambiente era contrarestado con unas placas metálicas calientes que se extendian junto a las sillas por todo lo largo del interior de los vagones y que en ocasiones producían el sofoco.
A medida que el tren se adentraba con su fragor metálico monótono y pesado hacia la parte sur del país, el paísaje cambiaba de verdes campos a un terreno pedregroso cuyas plantas duras y filosas atornillaban sus raíces de hierro en las rocas de las montañas adyacentes.
Los rieles de traviesas de hormigón pretensado dibujaban una línea que se sumergía curvada en medio de túneles y montañas para volver a salir a unas planicies con vistas magníficas cuyas tierras se desplegaban hasta las faldas de unas montañas inmensas o se perdían en el horizonte muchos kilómetros después.
Pasó la noche y yo seguí concentrado en mis lecturas devorando sin tregua más de la mitad del libro de las memorias de Gabriel García Márquez mientras el tren se balanceaba y estremecía en algunos desniveles del camino que ponían a temblar los vagones de lata. Las señoras con la cabeza cubierta por un velo florido trataban de capturar a los niños que correteaban alegremente tratando de servirles piezas de pan. Los estudiantes leían con furia libros extensos. Los fumadores furtivos entablaban charlas entre los vagones soltando risotadas que se escuchaban hasta en las sillas más lejanas.
Amanecía, y con las primeras luces me encontré con un episodio extraordinario.Ya había recorrido yo ésta zona en varias ocasiones más sin embargo, disfruté la experiencia como si se tratara de la primera vez: el color de la tierra en esta parte de Turquía es rojo. Es un terreno árido y arenoso que en verano puede alcanzar fácilmente los 48 grados centígrados. Las majestuosas montañas se erigían imponentes en el horizonte. Sin duda me encontraba atravesando la zona Montañosa de Taurus (zona desde la cual el río Eufrates desciende hasta Siria e Irak). Era pues, un bello contraste carmesí, de un cielo que se diluía en las primeras luces de un día de noviembre.
Luego de 18 horas de un viaje temerario, había llegado a mi destino. El tren se detuvo con parsimonia y las gentes se despertaron de su letargo como si todavía no creyesen que fuera verdad que, por fin, hubieramos llegado.
La tarde era maravillosa: una brisa fresca contrastada con un sol brillante que me hacían percibir con alegría los colores en la vieja ciudad de Adana. De allí tomé el bus hacia Gaziantep, el primer destino de mi viaje. Eran 3 horas más de viaje. La paciencia y el letargo adquirido luego de 18 horas de viaje en ese tren atiborrado de gente me cedió la virtud de sentir ya me daba lo mismo viajar 1 hora o 30 horas más. Me acompañaba desde ese punto Erika, la mexicana, con quien por medio de otros estudiantes de AIESEC pude establecer contacto para que me acompañara en el viaje. Fue una fortuna para mi, pues resultó ser una persona extraordinaria.
Llegamos a Gaziantep a las 4 de la tarde y ya se podían ver las primeras nubes grises en el cielo. Las luces de ese día alegre y brillante se habían esfumado pero mi motivación por iniciar la visita a los sitios históricos seguía intacta. Todavía con el impulso de aprovechar al máximo los días del bayram le propuse a Erika que nos fuéramos de inmediato a ver el castillo que de seguro cerraban muy pronto. Ella, más prudente que yo, que ya venía de Mersin también cansada de viajar me llevó al apartamento en el que se está quedando, junto con una polaca y una turca, y me dijo que esperara un momento que iba a avisarle a unos amigos que vivían en el mismo edificio. Yo aproveché para tomar un baño caliente y comer pistachos (que son famosos en ésta ciudad de Turquía), al cabo de 20 minutos se presentó con dos personas que me soprendieron por su infinita amabilidad y disposición a ayudar: Serdar y Evre.
Serdar tiene un carro que puso a nuestra disposición y nos llevó a volandas hasta el castillo donde llegamos a las 5 y 20 pero la situación no era lo que yo me esperaba: una oscuridad que bien podría hacer pensar que eran las 9 de la noche y una lluvia ligera pero continua que me hizo desistir del plan de visitar el castillo a esa hora que de seguro también estaba cerrado. No queriéndome dar por vencido, saqué la cámara digital y comencé a tomar fotos desde las afueras del castillo en las que solo se alcanzaban a distinguir unas luces lánguidas a lo largo de los perfiles amurallados... Nada que hacer.
Melancólico les dije que nos iríamos al día siguiente temprano hacia Sanliurfa sin visitar el castillo ni el museo de mosaicos de Gaziantep. Ellos rechazaron mi idea tajantemente y nos dijeron que los visitáramos en la mañana, igual, ya estabamos allá. No me pareció mala la idea, así que nos fuímos a un restaurante típico a celebrar con unos platillos especiales el primer día del Bayram: una sopa con leche en cuya superficie flotaba un manto de aceite y en cuyo fondo reposaban unos pedacitos de carne, todo acompañado con pan... una delicia. Erika, que es vegetariana, pidió en cambio “Patlican Kebap” (asado en parrilla de berenjena) y sorprende ver el tamaño de las berenjenas en ésta región, todo vino acompañado con ensalada y tomates con ajíes asados.
Luego de la espléndida cena, nos tomamos algunas fotos aprovechando la decoración típica del lugar y visitamos, a 50 metros del restaurante, un pequeño bazar donde vendían todo tipo de artesanías y decoraciones además de animales tallados en piedra y madera. Caminamos un poco más y llegamos a un restaurante a tomar Salep, una bebida caliente hecha a base de leche endulzada y espolvoreada con canela molida. Los meseros tenían puestos los atuendos típicos del imperio otomano con sombreros rojos y redondos y pantalones de tiro muy largo. Sobre las paredes colgaban alfombras turcas, herramientas típicas para trabajar la tierra y pieles de animales. El dueño del lugar nos encontró particularmente simpáticos y nos dió una atención especial. Me sentí tan bien en ese momento, en ese lugar, con esos nuevos amigos, que pude recordar con claridad las emociones de mis primeros días en turquía. Allí si tomé fotos a discreción.
Por la noche las Erika y Evre se fueron a dormir y yo me fui con mi nuevo amigo Serdar a tomarnos una botella de vino de 2,5 litros que sabía a gloria. Hablamos de las mujeres y otros demonios hasta bien entrada la noche. Eran las 3 de la mañana cuando me fui a dormir contento y con ansias de comenzar a explorar Gaziantep durante el nuevo día.
Esperen la segunda parte muy pronto: Gaziantep y Sanliurfa.


7 comments:
Compadre Mañe:
El realismo magico, fruto de acaloradas mentes macondianas, ha encontrado refugio en tu acalorada cabecita.
En espera del proximo capitulo de tus memorias...
ojo con la retórica maestro estas cediendo, tienes que revisar a cepeda samudio otra vez.
eche espero tus comentarios de mi ultimo post
Dear pilgrim,
Fue un honor acompanarte en tu recorrido. El tour fue sorprendente, divertido y extremo. Fue un perfecto ejemplo del orden que hay en el universo y el camino que el humano debe seguir. Marcar un plan,una trayectoria... y encontrar a la gente mas apropiada en el momento preciso a lo largo de esa trayectoria. Sin olvidar el ultimo fin de la humanidad "disfrutar y evolucionar"
En espera de que sigas compartiendo tus experiencias, te envio saludos desde Gaziantep ...
Hiya man como vas muy buenas tus memorias encontre este blog y esta muy interesante solo queria preguntarte como aproximadamente si hay muchos colombianos en Turquia y si hay muchas posiblidades de trabajo.
rubenfaqs@hotmail.com.
Hola Rubén, gracias por tu comentario, me alegra que te haya gustado el artículo!. Pues te comento que en Turquía no hay muchos colombianos que yo sepa. Sin embargo Córdoba, Mondragón, Shakira y Juanes son bastante conocidos y siempre me los evocan cuando les digo de dónde soy.
Referente a lo laboral: a pesar de que el ingreso per cápita en Turquía sea un poco mayor a la colombiana, no considero el mejor país para venirse a trabajar: primero que todo trabajas muchas horas 6 días a la semana y el país es un poco caro para hacer rendir tu sueldo (en el pago del arriendo se equilibran un poco las cosas ya que los precios son mucho más módicos).
En Istanbul, sin embargo, hay buenas ofertas en lo que respecta al campo de importación/exportación. Creo que este tipo de trabajo es el de mayor demanda en éste país.
Saludos!.
M.-
Muy buenas Manuel, te felicito por tu blog y por tus experiencias, creo que atrevidamente estás sacándole jugo a esta vida. Mi nombre es Iván Díaz, soy español aunque en estos momentos estoy viviendo en Stuttgart - Alemania.
Te escribo por que estoy buscando información acerca de Mersin y la vida en Turquía, ya que a mi hermana pequeña la han dado una beca para irse a estudiar 6 meses a esta ciudad y mis padres tienen miedo. Es fácil entender que la incertidumbre provocada por el desconociento es lo que les motiva a ello, por eso me gustaría informarme de como podría ser la vida para una mujer en Mersin. En tu viaje hablas de una chica mexicana Erika que estába estudiando allí, no se si te podrías poner en contacto conmigo a traves de mi email ivandiaz@gmail.com y pasarme su dirección para que también la pregunte a ella sobre la vida en Mersin.
Sigue disfrutando de la vida.
Saludos,
Iván Díaz
perdón mi email es : ivandiazc@gmail.com
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