Omar siempre estuviste lleno de muchas ideas, de un potencial inmenso que, me consta, llegaste a realizar en casi su totalidad. A pesar de todas las dificultades, siempre te abriste paso entre ellas y la gente aprendió a quererte mientras brillabas en el firmamento de la realización de tus ideales y de la gran pasión que inspirabas.
A Omar
Omar siempre estuviste lleno de muchas ideas, de un potencial inmenso que, me consta, llegaste a realizar en casi su totalidad. A pesar de todas las dificultades, siempre te abriste paso entre ellas y la gente aprendió a quererte mientras brillabas en el firmamento de la realización de tus ideales y de la gran pasión que inspirabas.
El fenómeno Google.
El buscador más famoso de Internet fue primero una iniciativa de un par de estudiantes de la universidad de Stanford: Larry Page y Sergey Brin de 24 y 23 años respectivamente, quienes investigando un proceso de relación de enlaces entre páginas Web, llamado en ese entonces BackRub, que les permitía establecer la importancia de las páginas debido al número de páginas que se refirieran a ella (entre mayor número de páginas que se refirieran a dicha página, mayor la importancia que tendrían para ser mostradas por el buscador). Larry y Sergey tendrían que echar mano de sus tarjetas de crédito y llevarlas al límite para poder financiar inicialmente su proyecto que desarrollaban inicialemente en el dormitorio universitario. Posteriormente, en 1998, gracias a la recolecta de 1 millón de dólares en capital de riesgo entre varios inversionistas, fundan la empresa Google Inc y ponen a trabajar, desde el garaje de la casa de un amigo, su primera aplicación “Google Search” en un mercado de buscadores de contenidos en Internet que ya estaba de hecho saturado.
Un aspecto importante es que Google, se funda como una empresa privada, no fue una de esas páginas punto com que surgieron en medio de la euforia causada por la mina de oro que representaba Internet a finales de los noventa y principios del segundo milenio. Para ésta época muchas empresas colapsan porque se lanzan a la bolsa de con un respaldo irreal (no eran propiamente una compañía, ni podían soportar el peso del manejo que representaba ofrecer su servicio, ni la grave crisis que se originó a nivel mundial en éste sector). --Quiero reseñar aquí, que las empresas que sobrevivieron a esa inundación tuvieron que sortear múltiples dificultades y son hoy en día las más solidas de Internet: caso admirable: Amazon.com.--
En pocas semanas el buscador alcanzó una popularidad de límites insospechables y se posicionó en un par de años como una de las páginas más visitadas del mundo.
Muchas personas prefieren Google por la limpieza y velocidad de sus resultados, la confiabilidad de su ranking y otras utilidades como la consulta de caché de páginas que no están en servicio actualmente.
Google no interpone avisos publicitarios para sus búsquedas ni adiciona contenidos que distraen el foco de atención de los usuarios.
Pero el éxito de Google no termina allí. El buscador es solo una de las múltiples herramientas y servicios que presta la compañía. Están también, Google desktop, que permite indexar el contenido del disco duro y adicionar sus resultados a los diferentes contenidos que la aplicación lleva hasta el escritorio de Windows. Contamos también con Google Earth, que es, a mi parecer, una herramienta indispensable para cualquier estudiante o simple curioso del la aplicación geográfica digital más detallada planeta en el que vivimos. El servicio de mail que brinda es simplemente formidable: estable, rápido, con una interfaz bastante útil e intuitiva, permite utilizar programas como Outlook para revisar los mensajes sin tener que ir hasta la página y quizá lo mejor es que es completamente gratis. No está de más mencionar su última aplicación Google talk, que permite el envío de voz sobre IP y hablar por micrófono con cualquier persona que utilice la aplicación alrededor del mundo; hasta ahora la funcionalidad del mismo es limitada pero corre bastante rápido y eficientemente.
Personalmente estoy convencido que todo lo que tenga la marca Google es sinónimo de calidad y me encanta utilizar sus productos, tienen un batallón de 400 trabajadores en 12 oficinas alrededor del mundo y que atienden en 34 idiomas. Sin embargo, hay que mantenerse vigilantes, algunos críticos predicen que el gigante de Internet mostrará sus dientes dentro de poco y que hasta ahora están en una campaña de acaparamiento de usuarios. Una vez sus servicios se vuelvan imprescindibles y la gente dependa de ellos comenzarán a esgrimir una espada que pocos desean ver. Por el momento, uso Google por todo y para todo, a fin de cuentas, me han brindado tanta satisfacción y resultados que incluso consideraría inscribirme si llegaran a colocarse en la senda exprimidora de Microsoft y sus productos.
Cuento: Monólogo para una despedida
Creo que sé lo que estás sintiendo: es un sentimiento extraño: como de vacío. Lo sé porque también lo he sentido antes. Comprendo que no quieras hablar y tampoco pienso forzarte a hacerlo. Ignoro que hago aquí todavía. Quizá me sienta culpable o quizá no haya encontrado algún motivo para irme. Si pudiera leer tu mente o por lo menos comprender mis propios pensamientos en este momento quizá no estaría tratando de persuadir mi propia incertidumbre.Tú necesitas respuestas; yo necesito paz. Pero es precisamente donde nos topamos con la uña de la bestia: hay un inmenso abismo de dolor de por medio.
Quizá solo deba comenzar a hablar: hace un par de años, exactamente en este mismo sitio, conocí una mujer de una belleza estremecedora: su cabello era rojo quizá como el fuego y unos ojos verdes cuyo fulgor en la mirada difícilmente se puede persuadir. Esbozaba una bella sonrisa y pintaba de arco iris todo lo que tenía enfrente. Por lo menos eso fue lo que percibí al verla. Se llamaba Rosa. Ella me dijo alguna vez que si todo en esta tierra se consumiera por un colapso atómico solo quedarían nuestras almas vegetando y jugueteando por allí con la misma intensidad con que reverberan nuestras ansias de vivir y prolongarnos. Debes perdonar que hable con tanto entusiasmo de ella. Siempre arremetía con su filosofía trascendental las oleadas de soledad que le brindaba mi compañía. Por lo menos eso pensaba yo… Si… estuve con alguien más mientras estaba contigo, pero no porque me hiciera falta algo, sino porque descubría algo que no tuviera la idea que existiera. Eres una compañía excelente ¿Sabes algo? No quiero desmeritar todo lo que hemos compartido juntos, mientras estuve con ella pensaba mucho en ti. Nunca entendí porque me dejaba llevar por esa sensación de temor y placer que me arrastraban cada vez más hondo en este torbellino en el que se ha convertido mi vida últimamente. Debo reconocer que de igual manera esto te debió haber afectado a ti.
Poseedora de una gran grandilocuencia, ella me enseñó muchas cosas, por ejemplo que nuestros cuerpos, carne, músculos, tendones, vísceras, no son más que un recipiente, ella me lo dijo: lo importante va por dentro, y mientras estaba con ella supe que mi alma se encontraba más contigo. Que te entendía mejor. Que eras inspiración, verbo y eco en mi vida.
¿Pero quien soy yo para disuadir tus pensamientos?, sé que mis palabras pasan por tus ideas como si fueran un alambre lleno de púas que lastiman y no sosiegan tu largo itinerario de dudas. Nada puede justificar este engaño al que te sometí, tienes toda la razón al sentirte de esa manera. Justifica tus ideas y llena tus pensamientos pero no me pidas una respuesta racional a todo lo que hice. No podría. Rosa. Ella me dijo una tarde mientras estábamos en el río que son innumerables las copas que han sorteado sus entrañas y han excavado en lo más profundo de sus recuerdos y que le han mostrado que ese animalito que uno lleva por dentro que te siempre tratas de dominar, que es inaceptable para la sociedad, que es lo más crudo y primario de nuestro comportamiento, ese mismo animalito, cuando uno se embriaga sale enajenado por la euforia que solo produce la sensación de libertad. Rosa era brillante. Con sus palabras bendijo rigurosamente esta diacronía.
No pienso atribularte con mis comentarios trastocados, como una ocasión lo hizo Rosa, me dijo que esa noche iba a descubrir el amor. Me tomó de la mano y me condujo a su habitación. Estaba oscura: a duras penas podía reconocer los objetos de la habitación con la tenue luz que se colaba por la rendija bajo la puerta. Aun recuerdo ese olor a perfume, ese colchón cubierto de sábanas revueltas, esos candiles rojos y esa niebla decorada por el halo de nuestras erotemas. Yo no sentía seguridad acerca de lo que iba a ocurrir. Para mi es muy difícil contar estas cosas. Sabes que nunca voy a poder exclamarlo a los cuatro vientos como la voz eterna que recorre los socavones de la historia. Es un recuerdo muy privado. Es para mí. Bueno, en estos momentos quisiera que fuera para ti.
Aún sigo tratando de averiguar que hago aquí. Es extraño, pero siento que no me quiero ir. Debe ser que lo que hice es algo de lo que me estoy arrepintiendo ahora mismo. Quizá fue ella.
Rosa me reclinó en su sofá. Me miró a los ojos. Me dijo dulces palabras y acarició mi rostro. Sentí sus manos suaves y sentí su respiración muy cerca de mi oído. Todo un torrente de sensaciones se despertó dentro de mí. Todo estaba oscuro. Sentí miedo. Nunca entendí la intimidad con tanto placer. Sentí el roce de sus muslos contra los míos, sentí sus labios besar mi cuello y entonces perdí completamente el control. Mis labios buscaron los suyos y nos sumergimos en un beso infinito, desenfrenado, apasionado. Comencé a acariciarla y mis dedos se sumergieron en su cabello como de fuego. Ella me abrazaba y me desnudaba. En esos momentos todo era un acto de puro instinto, mis pensamientos se nublaron y me dejé llevar. Acricié sus senos y ella acarició los míos. Nunca había pensado que besar a otra mujer pudiera transportarme tan lejos. No lo sabía. Lentamente nos fuimos sumengiendo cada vez más en el delirio reposado y hostil del placer.
Luego, luego no lo pude entender. Quiero decir. No es correcto. Las mujeres deben interesarse en hombre y no en otras mujeres. No lo pude concebir y espero que me perdones. Es por eso que vine aquí, es porque no pude soportar un minuto más este dolor que se anidaba en mi pecho y la incertidumbre de no volver a mirar a otra mujer con los mismos ojos. Cariño, no quiero me veas así. Quiero que me perdones. No te quedes callado. Fue en este preciso lugar que conocí a Rosa. Aquí vine esta tarde. Tú no lo sabías pero me seguiste. Me miraste contemplar estas bancas en silencio, estas bancas blancas plagadas de recuerdos. Me observaste llorar y me observaste tomar un arma y dispararme en la sien. Todavía no sé que hago aquí.
Manuel Anaya - manayat@softhome.net - 2004
Homenaje a Quino
Escribo estas líneas para honrar a un caricaturista argentino genial: Don Joaquín Salvador Lavado, más conocido como Quino. Se trata de un reto personal que involucra mis pocas desarrolladas habilidades de biógrafo, pero que asumo con el mayor de los agrados. La razón por la que lo hago es simplemente una: Siendo yo un niño, mi padre llevó a casa un par de colecciones con tiras de Mafalda. Leerlos me llevo poco tiempo y al final quise leer más: lo magistral de sus trazos, acompañado con un humor fino e impecable despertó en mi el interés por el dibujo y por los acontecimientos del mundo muy a pesar de que se trataban de dos épocas muy distintas (Mafalda se comenzó a publicar desde 1964 hasta 1973, yo los comencé a leer casi en 1990). Mi padre sostenía que algunos eran chistes y críticas para gente adulta. Así no los entendiera todos, Mafalda y en general todas las tiras de Quino están provistas de una genialidad incomparable. Dibujar como él requiere unas altas dosis de creatividad y soltura en la pluma (él mismo sostiene que no sabe dibujar muy bien). Quino es en su manera de ser muy parecido a Felipe: tímido e introvertido, prefiere evitar llamar la atención de los demás, y representa en la tira, sus propias experiencias en la escuela cuando era un niño. De padres inmigrantes españoles, Joaquín Salvador Lavado nace en Mendoza, Argentina en 1932 y adquiere una rápida fascinación por los dibujos gracias a su tío Joaquín Tejón (cuando le dibujó un caballo en una hoja de papel). Debido a la semejanza de sus nombres, primero le llamaban Joaquinito, luego Quinito y posteriormente Quino. Durante la escuela tuvo problemas con la gramática y Ortografía, a tal punto que compró un curso de redacción para escribir los diálogos en Mafalda. En 1945 muere su madre, termina la escuela primaria y se inscribe en la escuela de bellas artes, la cual abandonaría, poco después de la muerte de su padre en 1949, debido a que consideraba que lo suyo era el dibujo de historietas y humor, no el dibujo de ánforas y yesos. En 1954 se instala en Buenos Aires. Continúa el deambular por las redacciones. «Sufrí mucho porque vivía en condiciones muy precarias. Compartí una pieza de pensión con tres o cuatro tipos». El semanario "Esto es", de Buenos Aires, le publica su primera página de Humor Gráfico que se alterna semanalmente con otro dibujante. «El día que publicaron mi primera página pasé el momento más feliz de mi vida».
A partir de este año fue publicando en diversos medios. Desde entonces y hasta la fecha sus dibujos de humor se vienen publicando ininterrumpidamente en infinidad de diarios y revistas de América Latina y Europa. En 1962 el semanario Primera Plana aceptó publicar Mafalda como tira fija. Muy pronto, ese mundo infantil compuesto por arquetipos adultos que reflejaba a la clase media argentina se hizo tan famoso, que en 1965 empezó a publicarse diariamente en el periódico El Mundo para deleite de sus lectores. A partir de entonces las colecciones con las tiras de Mafalda fueron recopiladas a través de la editorial La Flor y se consiguen hasta la número 10.
El mundo de Mafalda transcurre en una sociedad urbana del tercer mundo en los años sesenta: Vietnam, el racismo, la fuga de cerebros, la guerra atómica, la aventura espacial, la ONU, los Beatles, Estados Unidos, la Unión Soviética, la cortina de hierro… también hubo espacio para otros aspectos menos abruptos como la felicidad, la ternura, la felicidad, la justicia, el porvenir, el envejecimiento, la comunicación, las diferencias entre el hombre y la mujer…
Mafalda tiene 6 años y se preocupa excesivamente por todo lo que acontece en el mundo escuchando día a día las malas noticias de la radio o de la televisión, pero siempre con la esperanza de que algún día todo se arregle y se consiga la paz mundial.
Reflexión
Cuando pienso que existe un cielo tan inmenso que la vista se pierde entre las nubes tratando de tocar a Dios, y que en su infinito espacio se albergan los sueños más felices de quienes anhelan poder un día volar tan lejos que pudieran, en algún lugar de este planeta, llegar a encontrarse a ellos mismos. Cuando cierro los ojos y siento que no existe espectáculo más maravilloso que el que el desfile de la vida: salir a mirar las montañas y la majestuosidad de tierras, respirar el aire de mar, contemplar una cascada en medio de la selva; descubrir de lleno que la felicidad que tanto anhelamos está y siempre ha estado allí, asequible, tangible y real: sin tener que gastar un centavo. Cuando descubro que los sentimientos más nobles no involucran interés. Que el propósito de nuestra vida es sentir que hemos actuado lo suficientemente bien y que hemos marcado tantas almas que seamos eternos en las memorias de los humanos que llorarán solemnes el día de nuestra muerte.
El propósito de mi vida es quizá el más sublime de los sueños. La sonrisa que sale del alma y se refleja en mi rostro, y que quizá no la valorara tanto si no existieran tantas lágrimas de por medio para alcanzarla. El mundo es realmente maravilloso y nunca lo conoceré en su totalidad y es quizá ese misterio uno de los principios de su belleza: siempre estamos tratando de imaginar cómo serán aquellas tierras al otro lado del mar.
Entonces, despertando, a veces sin querer, abro mis ojos y dejo que mis pupilas se llenen de la luz verdadera, dispersando lo etéreo y lentamente siento como la realidad me inunda con furia y entro despacio a mi permanente agonía.
Manuel Anaya - 2004
Cuento: El dilema del embajador
Cuando el asistente lo despertó esa mañana, el señor embajador estaba tendido en el piso boca arriba junto al retrete con su traje de gala puesto y sintiendo unas terribles ganas de vomitar. Mientras era levantado por el brazo, no pudo reconocer de inmediato el techo de yeso liso y blanco del baño, ni los colgaderos de las toallas, ni el inodoro, ni siquiera el olor etílico de su propio vómito. Examinó, con los ojos inyectados de sangre, a su asistente, quien se esforzaba en llevarlo hacia su cama cruzando el brazo por su espalda y diciéndole algunas palabras que no pudo entender en su estado. Fue sentado en la orilla de su cama y descalzado. Solo entonces pudo recordar lo que había sucedido: la fiesta de gala que se había hecho en conmemoración a sus dos años de embajador se había extendido hasta las tres de la mañana y había bebido hasta perder la razón. A la ceremonia asistieron ochenta y tres invitados; se consumieron treinta y seis botellas de vino, doce cajas de whiskey, ocho kilos de caviar, trescientos cigarrillos y noventa y siete platillos de bufé; se rompieron seis jarrones, dos ventanas y rayaron el carro del embajador; se perdieron tres juegos cubertería de plata, diez placas, seis medallas, un reloj de oro y un par de zapatos. - vaya que fue una buena fiesta – susurró con voz entrecortada el embajador.
- ¿Se siente bien señor?– dijo preocupado el asistente.
- Sí – dijo el embajador tragando saliva para empujar de vuelta el vómito - nunca me había sentido mejor.
- Es necesario que se arregle esta tarde embajador, tiene una entrevista con el ministro Pérez a las dos de la tarde.
- ¿Otra vez?.
- Señor, pero si es la primera vez que se va a entrevistar con él – dijo extrañado su asistente.
El embajador contemplaba sus pies hundirse suavemente en la alfombra roja y las paredes de la habitación disolverse con el techo de acabados finos. La luz del sol de mediodía se filtraba por entre las cortinas blancas y le irritaban la vista. Le sobrevino entonces un ataque de hipo, preludio de un inexorable vómito.
- Señor, tome esto para que se sienta mejor – dijo el asistente acercándole un vaso de soda carbonatada con limón.
- Beba usted primero – dijo conteniendo el hipo – no vaya a ser que esté envenenado.
El asistente se quedó perplejo por unos instantes observando la mirada perdida del embajador que apretaba el mentón contra su pecho tratando de ahogar el hipo. Levantó el vaso y bebió un sorbo del líquido.
- Ya está señor, trate de beberlo rápido porque solo cuenta con dos horas para cumplir su cita.
- Tenemos que esperar a que te haga efecto el veneno.
- La bebida no contenía ningún veneno señor.
- Eso lo veremos muy pronto, ahora – su voz fue entrecortada por un ataque violento de hipo- voy a vomitar.
El embajador apoyó las manos contra las rodillas, inclinó el torso y comenzó a vomitar. El asistente retrocedió y le volvió a acercar el vaso. El embajador se reincorporó, apartó la mano del asistente con la suya, se limpió la boca con la manga de la camisa y se tendió pesadamente en la cama.
- Estoy bien, estoy bien. Solo necesito dormir un poco.
- No hay tiempo señor!, tiene una cita con el ministro dentro de poco.
- Mire... eh... ¿me recuerda su nombre?
- Alfredo, señor.
- Mire Alfredo, aquí el embajador soy yo, y las cosas se hacen como yo las diga, y si le dije que voy a dormir, entonces eso haré!.
- Si señor.
- Otra cosa Alberto.
- Alfredo, señor.
- Como sea!, hágame subir una botella de vino blanco y hielo.
- Si señor.
- Y no olvide cerrar la puerta, no quiero que me molesten.
- ¿Y la cita señor?.
- Al demonio!, dígale a ese cretino, quien quiera que sea que amanecí enfermo.
- Pero señor, recuerde que van a discutir el asunto de los exiliados a Colombia.
- ¿Colombia?. Mire! Alberto, Alfredo, Adalberto... como sea!, no me interesa saber nada de ese país desde hace dos años. Suficiente tuve con haber nacido allá. Haga subir el vino y cierre la puerta al salir.
Desde que se había posesionado como embajador de Colombia en Chile su situación había mejorado sustancialmente. Había olvidado por completo las frías baldadas de agua que se daba para trabajar como ayudante de un importante político procurando siempre recoger algunas cuantas migajas para poder sobrevivir. Olvidó por completo a las personas que le vieron crecer como un buen muchacho de férrea mirada.
A las cuatro de la tarde el embajador despertó liberado de las nauseas, pero no del dolor de cabeza agudo que se instala detrás de los ojos. En su paladar sentía el gusto ácido y en el estómago un ardor impecable. Sobre la mesa de noche la cubeta de hielo se había derretido por completo pero el vino aún se conservaba fresco. Tomó la botella y bebió un gran trago que le devolvió la lucidez mental y le alivió el estómago. Se incorporó, tomó una ducha, se vistió y bajó al despacho a las cinco de la tarde. Alguien lo esperaba abajo. Era el ministro.
- Buenas noches señor embajador- saludó el ministro sin levantarse del asiento- ¿ya se siente usted mejor?.
El embajador recordó entonces las palabras del asistente y sintió una gran vergüenza. No supo como era posible que un ministro le esperara por tanto tiempo en su despacho a sabiendas de que la cita se había acordado con mucha anticipación. Debería ser algo muy importante y su puesto estaba en peligro.
-Eh... si señor ministro me siento mucho mejor, gracias- dijo calmadamente disimulando el dolor punzante tras su ojo izquierdo y el temor de ser sorprendido en su resaca mortal.
- Excelente, entonces podremos comenzar a discutir el tema de los exiliados.
- Sí, no encuentro ninguna objeción señor ministro- mintió el embajador.
- Como sabe, necesitamos que lidere este proceso de las personas que se van exiliadas para nuestra patria.
- Si, pero dígame una cosa, ¿de cuantas personas estamos hablando?.
El ministro se percató de lo desinformado que estaba su interlocutor.
- Mirando la situación en la que vamos a intervenir... ¿Cuantas personas cree usted que sean?
El embajador supo que estaba siendo sorprendido y que no podía abandonar el terreno.
- ¿unas cinco personas?
- ¡casi Embajador!. Son ochenta y siete para ser exactos, sus formatos están en la carpeta que se le envió hace dos semanas.
El embajador recordó la carpeta gris que nunca abrió por estar dedicado a los preparativos de la fiesta. Contempló a rápidamente a su alrededor y vio que una de las ventanas del despacho estaba rota y la mesa rasguñada por los tacones de alguna bailarina desaforada de la noche anterior. La oficina, a pesar de haber sido aseada por la mañana delataba la barbarie de la fiesta y era imposible evitar que el ministro no hubiera notado nada extraño durante su larga espera.
- ¿Qué pasa señor embajador?, es que no revisó la carpeta que le fue enviada?
- Pero cómo se le ocurre señor Ministro? – dijo en todo ofendido el Embajador - por supuesto que revisé la carpeta, pero es que sabe, he estado muy ocupado con unos asuntos de visado, y, bueno usted sabe no puede uno recordar todo. Estuve anoche hasta muy tarde de la noche revisando unos papeles muy importantes que requerían ser firmados cuanto antes, y ya sabe, me enfermé un poco por ello, pero ya estoy bien y dispuesto a seguir trabajando por nuestra amada patria.
El embajador pensó entonces en su asistente: ese muchacho delgado y de anteojos que siempre le advertía de las obligaciones que debía cumplir y que se había limitado a soportar estoico todas las negligencias del embajador. Si algo podía hacer para salvar su cabeza era encontrar a su asistente. Hizo una seña con los dedos a la muchacha encargada de la limpieza para que se acercara y le pidió que saliera y ubicara a su asistente.
- ¿Gusta un café señor Ministro?- dijo el embajador.
- No, gracias – respondió el ministro al tiempo que colocaba sobre el escritorio un portafolios negro- no vine a hacerle una visita, vine a asegurarme de que las personas exiliadas tengan nuestro apoyo y de que antes de este sábado estén montados en un avión hacia Colombia.
El ministro le extendió unos papeles con la lista de los nombres e identificaciones de los exiliados. El embajador entonces comprendió la gravedad de la situación. La subida del dictador en Chile había ocasionado una persecución política importante y con ello el exilio de muchos de ellos. La lista contenía los nombres de unos importantes colaboradores del presidente derrocado y comprendió que podía verse implicado posteriormente en algún proceso legal de traición a Chile por colaboración directa con los exiliados. Conocía el carácter y la manera de actuar del reciente dictador. Era una situación bastante delicada. Comprendió entonces porque el ministro le había esperado tanto.
- Mire señor ministro, este es un tema bastante delicado –dijo calmadamente el embajador- mi posición debe permanecer neutra. Si les ayudara a los exiliados, el señor dictador podría involucrarme o tenerme en un mal concepto y eso no conviene. ¿por qué no asumen directamente eso desde el gobierno de Colombia?.
Entonces la expresión del rostro del Ministro no fue de paciencia sino de frialdad y desesperación.
- Porque ese es su trabajo! – dijo el Ministro como si tuviera la respuesta preparada desde hace años – por lo tanto, si pretende mantenerse como una figurita decorativa, no nos queda más remedio que destituirlo y reemplazarlo por alguien competente.
En ese momento la muchacha de la limpieza irrumpe en el salón y le dice al Embajador al oído que no pudo localizar a su asistente. El embajador asiente con la cabeza y pide a la muchacha que le traiga un trago de whiskey con soda, luego se reclina sobre su silla y suspira –¿dónde se habrá metido el cretino de mi asistente?- pensó, al tiempo que repasaba los nombres y las identificaciones de la lista con el ojo izquierdo un poco cerrado para mitigar el dolor. Por primera vez tendría que tomar una decisión sin el asesoramiento de su asistente, quien, a decir verdad era el que desempeñaba todo el trabajo. ¿Qué debía hacer?, no tenía una idea clara de lo que podría pasar si aceptaba.
- Claro, les facilitaré la entrada a Colombia, no se preocupe señor Ministro.
Era indudable que nunca renunciaría a una vida de cócteles y lujos.
- Bien!, luego entonces el sábado deben partir de Santiago. Ahora debo partir – contestó amablemente el ministro cerrando su portafolios - me alegra poder trabajar con gente inteligente como usted.
- Claro... claro...
- Ha sido un placer conocerlo Embajador, el señor Presidente mirará con buenos ojos su decisión.
- Dele saludos de mi parte.
- No lo dude.
El señor Ministro se levanta del sillón de cuero café y estrecha la mano del resignado Embajador. Mientras abandonaba el salón se despide jovialmente de la joven que ingresaba con un vaso de whiskey en su mano y se va por el pasillo que conducía a la calle mientras se colocaba un sombrero blanco.
- Señor embajador aquí está su whiskey – dijo la muchacha extendiéndole el vaso.
El embajador observó el vaso lleno del néctar ambarino y los cubitos de hielo danzando alternadamente. Vio las gotas condensadas de agua que bajaban por las paredes del vaso y humedecían los juveniles dedos de la muchacha.
- Tome usted primero un trago – dijo el embajador pausadamente – no vaya a ser que esté envenenado.
Manuel Anaya - manayat@softhome.net -2004
Nota: Los personajes aquí descritos son completamente ficticios y la trama corresponde a un tiempo histórico real cuyo desarrollo diplomático ignoro completamente. Ignoro incluso el nombre de las personas que ocupaban dicho cargo durante la fecha y su desempeño. Publico este cuento con todo el respeto a nuestros representantes Colombianos en el exterior, quienes seguramente han desarrollado un buen papel dentro de sus funciones diplomáticas a través de todos éstos años.
Colombia, mi patria amada aunque distante
A la distancia, más allá de los meridianos y sus sirenas, lejos de todo lo que mis ojos pueden contemplar, en el fragor de una geografía perfecta, se extiende entre dos océanos y una imponente cordillera una nación tan rica como fascinante: Colombia.Escribo éste ensayo desde Eskişehir en Turquía, casi un año después de estar lejos de casa. Son solo algunas líneas a manera de homenaje a una patria que extraño cada día más.
No puedo dejar de extrañar a un país que es tan grande como España, Francia y Portugal juntos, que tiene además todos los pisos térmicos, el mayor número de producción de esmeraldas, ranas, orquídeas y variedad de palmas en el mundo; tiene el segundo lugar en variedad mariposas, plantas, peces de agua dulce y rosas; se ubica en el tercer lugar en producción de café, bananos y variedad de reptiles; está además en el cuarto lugar en producción de carbón, níkel y variedad de mamíferos y yacimientos de agua. No está de más mencionar la riqueza cultural heredada del choque de 3 culturas y todo el desarrollo social en torno a la alegría innata que caracteriza a su gente, que tiene cualquier motivo para celebrar, con recibimiento amable y cordial en medio de la belleza de sus paisajes y ciudades.
En contraste con todo lo anterior siempre que me preguntan “de dónde eres” y respondo “soy Colombiano” me hacen generalmente dos tipos de comentarios. El primero: “claro, el fútbol, Valderrama, Mondragón, Córdoba, Montoya, Shakira, el café, mujeres hermosas”. Afortunadamente, este primer tipo de comentarios, que me alegra en demasía, corresponde a más de la mitad de las personas a quienes les menciono Colombia, en ocasiones agregan más detalles que me sorprenden, como por ejemplo conocimiento sobre algunas tribus indígenas, producción de esmeraldas y algunos confesos admiradores de Gabriel García Márquez que pueden recordar con lujo de detalles algunos apartes de los libros del maestro de Aracataca. El segundo tipo de comentarios: “ah, Colombia, claro, cocaína, marihuana, Pablo Escobar, guerrilla”. Para éste segundo grupo simplemente les respondo pacientemente que Colombia no corresponde a la imagen que los noticieros dan de ella: No es culpa de ellos al fin y al cabo, la mayoría de las noticias que quedan en la mente son aquellas que involucran algún acto violento y tienen letras rojas en sus titulares. Siento que es mi deber darles a conocer algunos detalles sobre el conflicto, la historia de Escobar y la producción de drogas en aras de inculcar, por lo menos, una visión objetiva a nuestros problemas.
A pesar de todos los problemas que afectan a Colombia, los cuales no hace falta mencionar, creo que finalmente estamos adquiriendo un sentido de pertenencia y orgullo hacia todo lo que diga “hecho en Colombia” porque sabemos que es bueno, porque tenemos personas muy preparadas y creativas, porque nuestra capacidad de producción con alta calidad es extraordinario, porque nuestro país es semillero de grandes científicos, artistas, literarios y deportistas y porque, a pesar de todo, siempre encontramos la manera de seguir adelante. Vale la pena creer Colombia e invertir todo nuestro capital humano en aras del desarrollo inminente que se extiende en el horizonte de nuestro futuro.
No todos son optimistas como yo, pero, si no están conformes con lo que tienen a su alrededor, ¿Qué están haciendo para cambiarlo?, criticar es fácil, desde la comodidad de un escritorio pero hacer el cambio que queremos ver ya es harina de otro costal. Veo a diario notas de críticas por todo tipo de cosas, el país, el gobierno, la economía, la gente, la sociedad, deportes y hasta críticas a las críticas; y no es que yo esté contra de las críticas (ya que nos permiten conocer lo que sucede desde otra perspectiva), sino del sedentarismo pueril que generalmente las rodea.
No pierdo oportunidad de invitar a quienes conozco que nos empeñemos a construir patria así sea de la forma más sencilla. Reformemos nuestro presente con la vista puesta en un futuro mejor, sin remordimientos de dejar a un lado los viejos paradigmas de una nación subyugada y condenada por la violencia y la injusticia. Creamos que es posible, que Colombia si puede florecer en Suramérica como una nación ejemplar. Pero comencemos por nosotros. Les dejo invito a conocer las cifras significativas y positivas de Colombia, se llevarán una gran sorpresa. Llevo a Colombia en mi corazón.


