Efesos es una de las 7 maravillas del mundo antiguo. Su construcción fue dedicada a la diosa Artemisa, hija de Zeus y Leto, diosa de la naturaleza selvática, de los animales salvajes y de la fertilidad. Efesos es una ciudad fascinante que tuve el placer de recorrer a mediados del Agosto de 2005, como parte mi plan por descubrir éste fascinante país (Turquía) durante mi instancia que en pocos días completa un año. Mientras caminaba por ella y percibía su majestuosidad e imponencia de sus ruinas, tuve que recapitular cuan importantes y diferentes eran las civilizaciones de entonces: el derroche de belleza, su imponente arquitectura, su bien organizada sociedad y la fuerza de su comercio.
Efesos se constituyó durante su apogeo como el centro comercial más rico del mundo antiguo. En el interior de dicha ciudad y desde hace mucho tiempo existe un mayestático templo dedicado a la diosa Artemisa. En el siglo VII A.C los sumerios intentaron invadir la ciudad, que a pesar de resistir el asalto, no pudieron evitar que el templo fuese incendiado y destruido. Posteriormente, Creso, rey de Lidia, quien posee control sobre la mayor parte de la zona decide hacer una valiosa inversión: la reconstrucción del templo. Para ese entonces se erige una estructura que estaba fuera de los límites de las bases arquitectónicas de la época: un edificio de 20 metros de alto soportado por 127 columnas: la belleza de una de las maravillas del mundo antiguo.
Su autor fue Escopas uno de los más famosos escultores de la época. El templo estaba construido completamente en mármol y era una joya arquitectónica que a no ser por una de las mayores estupideces que la historia haya de albergar, aún conservaría algo de su esplendor: Un día del año 356 a.c. un pastor le prendió fuego al templo, destruyéndolo por completo. La razón que dio cuando preguntaron el motivo del incendio, fue que quería que su nombre quedara escrito en la historia. Posteriormente fue asesinado y se prohibió que su nombre fuera mencionado, sin embargo, a través de los siglos, su nombre pasó la barrera de la condena y hasta hoy su nombre es conocido: Eróstrato, el pastor que acabó con una de las 7 maravillas del mundo en su afán insensato por la fama.
Veinte años más tarde, Alejandro Magno toma la ciudad y decide residir en efesos por un tiempo. Allí escucha la historia del templo, que por pura cábalas del destino fue incinerado en la misma noche en la que él nació. Quizá fue ésta la razón, más que suficiente, que motivara a Alejandro Magno a ordenar la reconstrucción del templo, que a pesar de que fue asignado al pintor Griego más famoso Apeles, no tuvo la misma majestuosidad y esplendor que cuando fue construido por Escopas.
Con el paso de los años, la ciudad ha sufrido múltiples cataclismos, y la ciudad se ha reducido a escombros.
Estando en Turquía, he podido presenciar ruinas de esto y de aquello: Piedras de piedras, restos de templos, de esculturas, de estructuras, escritos y muchas otras cosas más, casi al punto de hacerme perder la emoción de ver un pilar de piedras tallados hace algunos miles de años. Efesos fue la excepción. Definitivamente.
En el coliseo, cuya acústica es casi perfecta (y en el cual se han efectuado varios conciertos que incluyen a Elton John y U2), tuvo lugar una de las escenas más interesantes que haya escuchado: Pablo, uno de los apóstoles de Jesús, quien extiende el cristianismo por el imperio romano, estaba en Efesos para esa época. Varios de sus detractores estaban reunidos en el coliseo una noche. No querían que el cristianismo tocara sus puertas. Por espacio de dos horas hacen un coro que reverenciaba a Artemisa (que es un ícono pagano desde el punto de vista cristiano) y el cual Pablo pudo escuchar más no captar el significado del mismo. Pensando que se trataba de una tertulia en la cual podría pregonar su doctrina, se acerca hasta la entrada del coliseo, al cual, si hubiese entrado, hubiese encontrado una muerte segura. Para su buena estrella, el gobernador de Efesos le recomienda que no ingrese al recinto y que sea mejor que se retire de allí y de la ciudad, consejo que prudentemente toma. Ya ustedes saben como dispersó pablo aquello del cristianismo.
El pasado y el presente chocan en ésta bella ciudad que más que escombros, es testigo fiel del paso de las civilizaciones, de batallas sangrientas, de ansias de poder y gloria, de reyes que fueron leyenda, de anhelo de modernismo y belleza juntos, de una economía imbatible y de, por supuesto, pastores estúpidos...